El holocausto animal y el cerebro vegano


El holocausto nazi horrorizó al mundo entero. Sin embargo, los humanos toleramos sin pestañear el mismo horror, aunque con diferentes víctimas: los animales. ¿Por qué deben sufrir asi? ¿Por qué es aceptado y tolerado, por una mayoría, ese nivel de tortura, ese infierno en vida? ¿Por qué no paramos de una vez el horror, a nivel global? La palabra, desconocida para muchos, es "Especismo". Es la crueldad arrogante del ser humano, que ignora conscientemente el sufrimiento, que para él no existe en un ser "inferior". Los hay que se ofenden cuando se compara el holocausto nazi con el holocausto de los animales. TODO es sufrimiento. TODO es intolerable. Y el primero en comprenderlo fue, precísamente, un ex prisionero de un campo de concentración nazi.

Él no tardó en darse cuenta, después de sobrevivir al terror nazi, de que exactamente los mismos horrores a los que se sometía a los prisioneros de los campos de concentración, se infligen a los animales llamados "de granja". ¿Por qué es esto tolerable, por qué es justificable? ¿Bajo que razonamiento? ¿El religioso? ¿El de que se supone que Dios dijo que usáramos a los animales para nuestra subsistencia? Tengo entendido que la Biblia no dice tal cosa. ¿El económico? El mundo estaría mucho más equilibrado económicamente y nadie pasaría hambre si se usaran los terrenos creados para criar ganado, para cultivar vegetales. ¿El sanitario? Ya está más que demostrado que el hombre no necesita comer animales para mantener la salud, al contrario, cuando no los come previene y cura enfermedades. No hay ni una sola razón que justifique esclavizar a otra especie para nuestro beneficio, un beneficio innecesario. A no ser que estemos hablando del beneficio monetario de las grandes multinacionales.

Es difícil para mucha gente comprender el sufrimiento. A quien ha tenido una vida cómoda, sin privaciones, y sin sacrificios, no le es fácil ponerse en el lugar de quien está sufriendo. Es algo común en nuestros días. El grado de despego al que hemos llegado las civilizaciones occidentales es alarmante. Nosotros observamos, a través de la caja hipnotizadora, desde nuestra confortable vivienda, -con la nevera llena-, como otros, en lugares lejanos, y últimamente no tanto, lloran, sufren, y se lamentan. Observamos como quien ve una película. No llegamos a conectar. No conocemos las verdaderas tragedias de la vida de primera mano. Por lo menos la mayoría de nosotros.

Lentamente, el ser humano que ha tenido la "suerte" de nacer en una zona "segura", de abundantes recursos, y bajo el "amparo" y la vigilancia de la tirana Madrastra Tecnología, que ha sustituido a la querida Madre Naturaleza, ha perdido toda su esencia. El cerebro humano se ha tornado autómata, el corazón, helado. Nos amamos a nosotros mismos. Despreciamos, aunque intentando que no parezca muy obvio, a quien no tiene posesiones materiales, un título académico, un hogar en propiedad, el último teléfono móvil. Y nos traen sin cuidado, por mucho que pretendamos preocuparnos, las desgracias ajenas. Todo eso queda demasiado lejos...

Por supuesto, estoy hablando en general, del ser humano dentro de su estátus de "civilizado". Y también por supuesto, podemos estar agradecidos de que no todo cerebro se haya enfriado, de que no todo corazón se haya helado. Mi padre solía decir "A los jóvenes de hoy les haría falta pasar por una guerra, para saber lo que son privaciones". Por supuesto, no puedo estar de acuerdo con que nadie tenga que pasar por una guerra. Sin embargo, coincido en la creencia de que la gente, hoy en día, en el primer mundo, está tan desconectada del verdadero sufrimiento, que ni aprecia lo que tiene, ni es capaz de albergar dentro de sí, el verdadero sentido de la compasión.

Sin embargo, la ciencia confirma que no todos los seres humanos hemos perdido esa conexión con la naturaleza y esa capacidad de empatía, ese lazo que nos une a todo ser viviente, sea de la especie que sea. En un estudio realizado en Italia, el equipo de científicos concluía que las personas que adoptan el estilo de vida vegetariano o vegano, no lo hacen por estar pasando una fase especial o experimental en su vida, ni por un capricho pasajero, ni por un momento emocional en particular. Los veganos y vegetarianos poseen un cerebro especial.

La hipótesis consistía en que veganos y vegetarianos, que han elegido el camino de la alimentación natural por ética, podrían mostrar respuestas cerebrales al sufrimiento, tanto humano como animal, diferentes de los omnívoros. Se reclutaron 20 omnívoros, 19 vegetarianos, y 21 veganos. Se separaron los grupos por edad y sexo. Se usando fMRI (Functional Magnetic Resonance Imaging, o Imágenes por Resonancia Magnética funcional). fMRI es un procedimiento que muestra la actividad cerebral, detectando los cambios asociados en el riego sanguíneo, y que se relaciona con el uso de energía por las células cerebrales.

A los voluntarios se les mostraron imágenes de violencia, tortura, asesinatos, mutilaciones, etc, de personas y animales, alternados con paisajes naturales. La conclusión, después de analizar las respuestas cerebrales, sugieren que la reacción al sufrimiento humano era más fuerte en vegetarianos y veganos que en omnívoros, y que la empatía hacia no coespecíficos (diferentes especies), era superior en vegetarianos y veganos. Asímismo, se observó que las escenas de sufrimiento animal afectaban más a veganos que a vegetarianos.

Las áreas del cerebro asociadas con la empatía (tales como el cortex del cíngulo anterior y el hemisferio cerebral izquierdo) presentaron más actividad en veganos y vegetarianos que en omnívoros, al visionar escenas de sufrimiento tanto humano como animal.

Aunque este es el primer y único estudio de este tipo, viene a contradecir el dicho típico de muchos omnívoros, faltos de razonamientos, y bajo una capa de escondida culpabilidad: "¿Os dan pena los animales y no os la dan las personas?", insinuándo que a los veganos y vegetarianos no nos importa en absoluto lo que les pase a los seres humanos, e insinuando que, porque nos implicamos en la defensa animal, no podemos defender los derechos humanos por igual. Por mi experiencia personal y la de la mayoría de veganos que conozco, el caso es todo lo contrario. Quien defiende a un animal, defiende también a una persona, y quien no permite que se haga daño a un animal, tampoco permite que se le haga a una persona. Y está demostrado que la mayoría de maltratadores de sus parejas, de niños se han divertido maltratando animales.

Seguídamente, el cuadro de reacciones cerebrales de los tres grupos.

Estudio original: http://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0010847

Por supuesto, esto no significa que personas que todavía no han dejado de usar animales en su alimentación y vida diaria, y sean sensibles, no puedan convertirse en veganos, sin tener la capacidad para la empatía tan elevada. Símplemente, ejerciendo el pensamiento crítico humano, la inteligencia y la deducción, la capacidad de razonar, y de comprender, se puede llegar a entender que todas las especies sobre el planeta tienen derecho a la vida, y a que no se les utilice como esclavos, se les maltrate, torture, o asesine para fines puramente egoístas.

Esto lo comprendió muy bien Edgar Kupfer-Koberwitz. Prisionero en el campo de concentración nazi de Duchan, apresado por ser un "librepensador", vivió en sus carnes el horror del sufrimiento, del confinamiento, de la privacidad total de libertad, de la tortura y la muerte. Al terminar la guerra, Kupfer-Koberwitz recuperó un diario escrito por el en pequeños trozos de papel, con lápices robados, que enterró con la esperanza de poder volver algún día a por el. Raramente una persona podrá vivir horror mayor que el de estar confinado en un campo de concentración, siendo maltratado, pasando hambre, y viendo a los suyos morir de formas espantosas, sintiéndo la muerte a su alrededor, escuchándo los gritos de horror de sus compañeros, esperando el día en que le tocara a el. Testigo de la crueldad más salvaje, nadie puede explicar mejor lo que puede sentir un ser vivo ante tales espantosas circunstancias. Edgar Kupfer-Koberwitz publicó sus "Diarios de Dachau" para que comprendamos que no debemos hacer sufrir a los animales. Su experiencia en el campo de concentración le abrió los ojos y le impulsó a hacer ver a sus congéneres la equivocación de comer animales, de provocarles el mismo sufrimiento que el ya jamás podría olvidar.

La raza humana entera se horroriza con el recuerdo del nazismo y sus consecuencias. ¿Por qué entonces somos nosotros los nazis de los animales? ¿Por qué les sometemos a las mismas torturas, hacinamiento y asesinato, para nuestros propios fines egoístas, con total desprecio a sus vidas y sus derechos?

El filósofo Jeremy Bantham decía: "La cuestión no es "¿Pueden razonar?" o "¿Pueden hablar?", sino "¿Pueden sufrir?". El sufrimiento es indudable. Pero para ellos no hay Dia D. Para ellos no hay aliados que lleguen a liberarlos para siempre. Unos pocos sí tienen la suerte de ser liberados por activistas, que les proporcionan una nueva vida, libres en un santuario. Pero por desgracia, miles de millones siguen sufriendo la tortura, la crueldad, el hacinamiento y el terror, cada día de su vida. Los humano, ahora, somos los nazis para los animales, su infierno, su enemigo. El nazismo continúa. Solo han cambiado las víctimas.

He aquí un extracto del libro de Kupfer-Koberwitz, titulado "Los animales, mis hermanos".

Sobran los comentarios:

"Querido amigo: Querías saber por qué no como carne y te preguntas por las razones de mi comportamiento. Tal vez pienses que hice una promesa - alguna clase de penitencia - negándome los gloriosos placeres de comer carne. Recuerdas los jugosos filetes, los pescados suculentos, las maravillosas salsas, el jamón exquisitamente ahumado y mil maravillas preparadas con carne, deleitando a millares de paladares humanos; ciertamente, recordarás la exquisitez del pollo asado. Ahora que yo rechazo todo esos placeres, tú piensas que sólo la penitencia, o un voto solemne, un gran sacrificio, podría negarme esa manera de disfrutar de la vida, e inducirme a soportar tan gran renuncia. Con aspecto asombrado, me preguntas: "Pero, ¿por qué y para qué?" Y crees que casi adivinas el auténtico motivo. Pero si ahora trato de explicarte las verdaderas razones en una breve frase, te asombrarás, una vez más, de lo lejos que se hallaba tu conjetura de mis motivos reales. Escucha lo que tengo que decirte: - Me niego a comer animales porque no puedo alimentarme del sufrimiento y la muerte de otras criaturas. Me niego a hacerlo, porque yo mismo sufrí de una forma tan dolorosa que puedo sentir el dolor de otros al recordar mis propios sufrimientos. - Yo me siento feliz, nadie me persigue; ¿por qué iba yo a perseguir a otros seres o a hacer que fueran perseguidos? - Yo me siento feliz, no soy un prisionero, soy libre; ¿por qué iba yo a hacer que otras criaturas fueran apresadas y metidas en la cárcel? - Yo me siento feliz, nadie me lastima; ¿por qué iba yo a lastimar a otras criaturas o a hacer que las lastimaran? - Yo me siento feliz, nadie me mata; ¿por qué iba yo a herir o a matar a otras criaturas o hacer que las hiriesen o las matasen por mi placer y conveniencia? ¿No es sencillamente algo natural, el que yo no inflija en otras criaturas aquello que, espero y temo, nunca será infligido en mí? ¿No sería muy injusto hacer tales cosas sin otro propósito que el de gozar de un frívolo placer físico a costa del sufrimiento de otros, de la muerte de otros? Yo creo que los hombres continuarán matándose y torturándose los unos a los otros mientras maten y torturen a los animales. También habrá guerras porque hay que entrenar y perfeccionar la matanza en objetos más pequeños, moralmente y técnicamente". Edgar Kupfer-Koberwitz Para reflexionar. Yo sé que la mayoría de los que me leéis sois ya veganos. Pero en caso contrario, si después de leer estas palabras, le apetece a uno seguir alimentándose de animales, tendríamos que cuestionarnos nuestras futuras reacciones frente al sufrimiento humano. Puede que sean igual de insensibles. No juzgo el camino personal de nadie, cada uno tiene su momento; unos conectan antes, y otros después, pero acaban conectando. Al que no comprendo es al que muestra una falta total de empatía. Porque es gracias a esa empatía, que vamos a cambiar el mundo. Texto completo de Diarios de Dachau, de Edgar Kupfer-Koberwitz: http://www.ivu.org/spanish/trans/arrs-letter.html Sigue la página de Facebook en memoria de Kupfer-Koberwitz: https://www.facebook.com/pages/Edgar-Kupfer-Koberwitz/120158884723694

Paz y salud,


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